Al asar se hace el asado
y al volver la vista atrás
se ve una manga de otarios
desesperados por morfar.
Asador no hay asado
se hace asado al asar.
Vaya este pequeño reconocimiento al primer y último poeta carnívoro.

Entre la vaca y el argentino hay uno de los pactos más fuertes y estables de la humanidad. Quizás es el tratado más importante acordado por un ser humano y un animal, sólo amenazado por la fidelidad de Chita con Tarzán.Emotivo lanzamiento de la empresa alemana en homenaje a Roberto Achura, en el interior del juego pueden leerse unas proféticas palabras del poeta...
"Yo quizás no lo voy a ver, muchachos. Pero imagino un mundo donde los niños ya de chiquito aprendan qué es una morcilla, un zochori, un lomo o una buena tira de asado…"
(Rosario-Argentina)
Empecé por un cuatro a punto,
repartí al uno entre amigos,
después encaré al cinco
y me dejé lugar para el ocho
mientras un viejo sabio
pinchaba el nueve.
“Una tira de asado ondeando en el aire
representa a la Argentina más que la bandera."

Nació en Pergamino, provincia de Buenos Aires, el
Su sensibilidad y amor al asado lo llevó a comprobar que en los libros pocas veces un escritor utilizaba palabras tan hermosas como chinchulines, morcilla, chorizo, bife o riñoncitos. Entonces puso manos a la obra y empezó a escribir con la paciencia del que asa un cordero. Sabía elegir tan bien las palabras como la carne. Sus versos nos traen los mejores cortes y sus páginas nos dejan las manos con manchas de carbón.
En un reportaje que en 1992 le realizó “La Voz de Pergamino”, dijo: “Sueño con escribir un libro que sirva para prender el fuego del asado más rico del mundo.”
Roberto Achura nos dejó a la temprana edad de 35 años. Y sin temor a equivocarnos, nos dejó con hambre.